miércoles, 16 de agosto de 2017

¿Qué aporta la resiliencia al aprendizaje?

Las conexiones de la resiliencia con el aprendizaje y la educación en general, están cada vez más claras y son cada vez más prometedoras.

Comencemos por definir la resiliencia y sus 6 pilares clave, para después examinar las conexiones de los mismos con la escuela y las posibilidades desde el aprendizaje.

La palabra deriva del latín "resilere", que significa rebotar, y se ha utilizado en el campo de la física para describir la elasticidad de un material, propiedad que le permite absorber energía y deformarse sin romperse, cuando es presionado por otro objeto o fuerza exterior, y seguidamente recuperar su extensión o forma original.

En mis cursos y conferencias suelo sacar una pelota de goma-espuma y digo: "imaginaros que esta pelota es nuestra mente". Si la mente es resiliente, cuando la sometemos a presión (presiono y deformo la pelota), una vez que cede la presión, la pelota recobra su tamaño y forma original (dejo de presionar la pelota). Si la lanzamos contra el suelo, la pelota rebota. Si la mente no es resiliente, por ejemplo si la pelota fuera de madera o de arcilla, a base de presionarla acabaría rompiéndose, y si la lanzamos contra el suelo no rebotaría y también acabaría fragmentándose.

¿Cuáles son los pilares de la resiliencia, en qué se sostiene esta necesaria capacidad humana de adaptación, prosperidad y supervivencia? El psiquiatra español Luis Rojas Marcos ha identificado y argumentado sobradamente seis pilares esenciales. Los comento, y debajo en color, formulo preguntas que me hago en voz alta desde la escuela, sin ánimo de ser exhaustivo, y que invito a docentes y comunidades educativas a hacerse también, a plantear más preguntas, tal vez en algún encuentro o reunión reflexiva-evaluativa de final de curso:

1. Conexiones afectivas. Es nuestra capacidad para comunicarnos, relacionarnos, convivir conectados afectivamente y apoyarnos unos a otros. En los momentos más duros de la vida, los lazos afectivos se convierten en nuestros salvavidas. La predisposición natural a vincularnos, alimenta nuestro instinto de supervivencia, nos hace más fuertes y seguros, nos anima a apostar por la vida y a defenderla.

  • ¿Somos un apoyo afectivo para nuestros estudiantes en momentos difíciles? ¿Fomentamos el apoyo mutuo entre ellos?
  • ¿Nos apoyamos afectivamente entre los/las docentes, creamos un clima de afecto y compañerismo?
  • ¿Fomentamos metodologías de aprendizaje en las que se fortalezca más la conexión afectiva?

2. Funciones ejecutivas. Se encargan de gobernar los pensamientos, las emociones y las conductas. Para ello es esencial la capacidad de introspección, la memoria y el auto-control, entendido como capacidad de posponer y demorar a voluntad propia las gratificaciones inmediatas, y de esta forma programar estrategias a medio y largo plazo.

  • ¿Ayudamos a nuestros estudiantes a conocerse mejor a sí mismos, les invitamos a auto-evaluarse?
  • ¿Desarrollamos programas de inteligencia ejecutiva, atención, mindfulness y memoria?
  • ¿Monitorizan los estudiantes su propio proceso de aprendizaje, lo controlan mediante metodologías de enseñanza-aprendizaje innovadoras, elaboran su metacognición?

3. Centro de control interno. Para la resiliencia es esencial localizar y mantener el centro de control dentro de uno mismo (autonomía), saber que el resultado está en nuestras manos y no depende sólo de otros o de las circunstancias externas. Esta capacidad está relacionada con la esperanza, al proveernos de confianza en que ocurrirá, mediante nuestro esfuerzo y enfoque, aquello que deseamos que ocurra.

  • ¿Son protagonistas los estudiantes de su propio aprendizaje o dependen del profesor/a? ¿Participan del proyecto educativo?
  • ¿Qué atribuciones hacen de sus logros y sus fracasos? ¿Son internas o externas? ¿Cómo trabajarlas desde la resiliencia?
  • ¿Qué hacemos para que nuestros estudiantes aprendan a aprender, para que sean más autónomos en sus comprensiones académicas?

4. Autoestima. Sentirnos apreciados/as, valiosos/as para los demás, con capacidad para tomar decisiones y dirigir nuestro programa de vida, es esencial para una autoestima fuerte y estable. La autoestima más estable es la que se basa en el conocimiento de nuestras debilidades y fortalezas, la que nos permite aceptar con serenidad las cosas que podemos cambiar y las que no, y nos inspira sabiduría para distinguir ambas.

  • ¿Les hacemos sentirse útiles y valiosos a nuestros estudiantes? ¿Y a nuestros colegas?
  • ¿Les ayudamos a conocer mejor sus fortalezas y debilidades? ¿En qué nos enfocamos más?
  • ¿Fomentamos su autonomía mediante procesos de toma de decisiones en aspectos que les importan en el aula?

5. Pensamiento positivo. Es congruente con las ganas de vivir y compatible para valorar con sensatez las ventajas e inconvenientes de las decisiones que se toman. Ser positivos y optimistas no es ser ingenuos, sino estar más dispuestos a buscar información, a reflexionar, a cambiar, y a identificar vencer los miedos paralizantes. La dimensión temporal es clave en el pensamiento positivo: ¿Cómo valoramos nuestras experiencias del pasado, cuáles seleccionamos? ¿Cómo nos afectan los sucesos del presente? ¿Qué nivel de esperanza albergamos en nuestro futuro? Las personas optimistas esperan que les vayan bien las cosas, y se predisponen a ello. El pensamiento positivo estimula el sentido de la propia competencia.

  • ¿Somos optimistas y positivos respecto de nuestros estudiantes? ¿Vemos futuro en ellos/as?
  • ¿Fomentamos un lenguaje positivo y esperanzador en la evaluación (auto, co, hetero)?
  • ¿Nos enfocamos en las fortalezas o en las debilidades de nuestra comunidad educativa en general?

6. Motivos para vivir. En tiempos inciertos, peligrosos o de sufrimiento, el sentido de la vida irrumpe con fuerza en nuestra conciencia. Las religiones son espejos donde los creyentes reflejan la esperanza, son en general una expresión del optimismo natural del género humano. Las pasiones, y no los instintos, son el combustible de la esperanza, el ingenio, el valor, y transforman a los seres humanos en luchadores incansables. El sentimiento de caducidad se transforma a menudo en una fuente arrolladora de energía, de pasión por la vida y de creatividad. Tener un plan de vida, una misión, alguien o algo por lo que merezca la pena luchar y esforzarse, es clave para la resiliencia.

  • Como docentes ¿Tenemos un plan de vida, una misión personal y compartida que sirve de hilo conductor en nuestra tarea educativa?
  • ¿Nos apasiona lo que hacemos, lo transmitimos a nuestros estudiantes?
  • ¿Trabajamos la dimensión de sentido de la vida, la compartimos con nuestros estudiantes, transparentamos valores humanos y los facilitamos?

jueves, 10 de agosto de 2017

Las 5 Huellas de la Convivencia Escolar: un proyecto educativo en clave de Valores Sociales y Humanos para Educación Primaria

El ser humano ha evolucionado gracias a la cooperación, no a la competición, de esto hoy ya no nos cabe ninguna duda, y hay muchos estudios que lo avalan. Y la cooperación tiene sus claves, su genoma social, y por eso somos "homo socius" como ya dijo Aristóteles, y no tanto "homo hominis lupus" como dijo Thomas Hobbes.

El proyecto pedagógico-competencial Las 5 Huellas de la Convivencia Escolar está diseñado para rescatar esa huella humana, reforzarla y hacerla más ancha y profunda. Ha sido desarrollado con éxito ya en un colegio público dependiente del CTIF Madrid-Este, en un curso de formación a todo el claustro, durante el curso escolar 2015-2016.

Está fundamentado en tres grandes pilares de la psicología para educar en Valores Sociales y Humanos: autoconcepto (identidad personal), reconocimiento del otro (identidad social) y cooperación inclusiva con otros (identidad cosmopolita).

Para desarrollarlo he definido 5 dimensiones de la competencia "Convivencia Escolar Inclusiva", siendo cada una de ellas una huella de aprendizaje, una dimensión o descriptor, que he llamado de la siguiente manera:



Cada huella está a su vez formada o descrita por 6 desempeños competenciales, 2 por cada uno de los pilares de la educación en Valores Sociales y Humanos. En el siguiente gráfico lo podemos ver mejor:



De tal forma, que el proyecto completo incorpora 30 desempeños competenciales, para los cuales he diseñado 30 situaciones de aprendizaje o actividades. Estas actividades se encuentran en el dossier para el profesorado de este proyecto.

Además he compuesto unas retahílas musicales para cada una de las huellas, con el fin de reforzar los aprendizajes desde las más inteligencias posibles. Del mismo modo, el diseño de los logotipos de las huellas en alta calidad, nos permite hacer con las mismas diferentes productos de comunicación, visuales y kinestésicos:



Es importante que los centros educativos tengan previstas en su Proyecto de Convivencia Escolar (para mí el proyecto más importante hoy y el más educativo) diferentes medidas correctivas, como los protocolos de acoso escolar y bullying, pero más importante es aún, tener un proyecto de Educación en la Convivencia Escolar, como base de una ética de la integridad frente a una ética externa o de los límites: esta es la filosofía de nuestra propuesta.

El proyecto completo en formato PDF imprimible de alta calidad, con todos los diseños, desempeños y actividades competenciales, se encuentra disponible aquí: Las Cinco Huellas de la Convivencia: proyecto de aprendizaje.

miércoles, 9 de agosto de 2017

El Corazón Domesticado


Todos sabemos que el lugar natural del pajarillo no es una jaula, sino la naturaleza, su propio ecosistema. Todos sabemos que un pajarillo está hecho para volar, para relacionarse con su entorno, emocionarnos con su canto o su bello plumaje, su forma de volar, aparearse y continuar su vida a través de otros, manteniendo su especie. Con el corazón, que simboliza a nuestros sentimientos y emociones, pasa un poco lo mismo: están hechos para volar, para ser expresados, para relacionarnos con el mundo, para emocionar a otros.

El pájaro domesticado, renuncia a volar, renuncia a su función natural por vivir dentro de una jaula que le cobija y proporciona la comida que necesita. Pero pronto varias de sus funciones se atrofian y pierden su sentido, y al final no cumple el fin o misión para la que estaba creado.

El corazón domesticado también se acomoda en un refugio del yo, en una jaula o círculo cerrado que le procura cierta estabilidad y supervivencia a la persona, pero que atrofia en ésta la capacidad de amar realmente, de ser feliz y hacer felices a otros. La jaula del corazón domesticado está hecha en realidad a base de miedos y temores varios: el miedo a sentir, el miedo a contar cómo nos sentimos, el miedo a vincularnos afectivamente con el mundo y con los otros, el miedo al niño interior, el miedo a parecer vulnerables… Todos son miedos irracionales, creencias irracionales que nuestra educación y nuestro entorno nos ha inoculado.

Veamos entonces cuáles son esas variables o dimensiones del síndrome del corazón domesticado, para luego extraer de ellas algunos indicadores que nos permitirán hacer una herramienta de prospección y autoconocimiento tipo test. Se observará que en todas ellas aparece una emoción primaria muy habitual: el miedo. En realidad, domesticamos el corazón para huir de muchos temores en lugar de afrontarlos. Pero el precio que se paga por esa “aparente seguridad” es muy caro, como veremos.

Temor a sentir y emocionarse en general. Hay personas que prefieren controlar su expresividad emocional, y sus estados emocionales en general, porque temen ser juzgados por los demás, bien como personas frívolas o bien como personas descontroladas. En otros casos, se reprimen y controlan en exceso las emociones por cuestiones religiosas o culturales. También, en determinados entornos muy serios, solemnes, o prescritos socialmente, se genera mucha rigidez expresiva y falta de naturalidad emocional, así como miedo a sentir “vergüenza” social por expresar o no controlar una emoción que pueda considerarse inadecuada. La consecuencia de todo ello es una expresión pobre, sofisticada y falsa de las emociones, cuyo fin no es otro que buscar la aprobación social, u otros objetivos más allá de los puramente biológicos.

Dificultad para expresar los propios sentimientos y emociones. La falta de socialización emocional, se traduce muchas veces en dificultad para expresar ante los demás cómo nos sentimos, de comunicar nuestros sentimientos a otros. Esta es precisamente una de las funciones básicas del sistema emocional humano: poder comunicar y expresar nuestras emociones para descargar energía psíquica, es una necesidad humana básica. Otra cosa, es que esa comunicación sea adecuada o inadecuada socialmente hablando. La educación emocional nos proporciona herramientas para hacerlo de forma adecuada y respetando siempre al otro.

Dificultad para sentir y experimentar las emociones de otros. Es la falta de empatía, que tiene su origen, en primer lugar, en una deficitaria identificación de las emociones en el otro (y en uno mismo), y por esa razón muchas veces no empatizamos. En otros casos, determinadas creencias, prejuicios y marcos rígidos de pensamiento, no permiten a nuestro corazón sentir con el otro, ya que la mente sofoca cualquier intento de “sublevación emocional”. Hay también una empatía situacional, es decir, personas que son empáticas sólo en un tipo de situaciones o con un tipo de personas, y no en otras. Esto depende de nuestra socialización y simpatía o antipatía por determinadas personas. Pero, en todo caso, la empatía que nos interesa desarrollar es la “disposicional”, es decir, la empatía como disposición permanente en la persona.

Miedo a involucrarse o relacionarse emocionalmente con el mundo. Otra de las funciones de las emociones es la de vincularnos con el mundo, con los objetos del mundo, con otras personas. Con frecuencia experimentamos que nos quedamos anclados a determinados lugares, personas, o cosas. Pues bien, precisamente por el dolor o tristeza de la posible pérdida de esas cosas o personas, o bien por el compromiso que supone quedarse anclado emocionalmente, hay personas que prefieren no crear vínculos emocionales. La consecuencia de esa falta de vínculo emocional con el mundo es también falta de atención y aprendizaje de ese mundo, habida cuenta de la probada relación que existe entre emoción, atención, motivación y aprendizaje.

Temor a soñar y a ser libre dejando hablar al corazón. El corazón es más sincero que la cabeza, las emociones hablan en realidad de lo que nos gustaría ser o hacer, y de lo que no, de lo que nos hace felices y de lo que no nos hace felices. Es duro descubrirnos de repente en el lugar en que no queríamos estar: rápidamente acallamos a ese corazón que desea volar, y razonamos que “en la jaula no se está del todo mal con todas las necesidades básicas cubiertas”. Otras veces este temor viene determinado desde fuera, por la presión social, las costumbres socio-culturales, o cierta moralidad rígida y condenatoria todavía vigente en algunas tradiciones.

Enaltecimiento del yo adulto y racional desplazando al yo niño. El análisis transaccional de Eric Berne ha puesto de relieve esta interesante metáfora de los tres YO interiores: el yo padre de los principios, el yo adulto de las razones y el yo niño de las emociones. Más allá de las transacciones de nuestros tres YO en procesos comunicativos YO-TU, me parece más interesante el análisis que hace Berne de los conflictos internos que tenemos entre los tres YO. En concreto el conflicto que consiste en la “eliminación” de uno de los tres YO por asociación de los otros dos. Es más común de lo que parece, que en muchos adultos se asocien el YO PADRE con el YO ADULTO para callar o desplazar al YO NIÑO, y con ello quedan fuera de la persona todo su mundo emocional y creativo. Se convierte entonces en un adulto gris de razones y principios, que tiene en su casa un corazón domesticado y enjaulado, pero al que incluso no cuida ni alimenta.

El Corazón Domesticado es una metáfora útil para explorar las creencias limitantes relacionadas con nuestro mundo emocional interior. La metáfora nos permite darnos cuenta hasta qué punto está domesticado nuestro corazón, es decir, que nos hemos acomodado a tenerlo en una jaula como un pajarillo, porque es más práctico o porque tiene el alimento (artificial) necesario, pero en realidad nuestros sentimientos no pueden volar con libertad ni cumplir su misión esencial. Hay en realidad ciertos temores a sentir y expresar de verdad lo que sentimos a otros. A partir de 6 dimensiones claves, que analizo y explico a fondo en el dossier, desarrollo 18 indicadores en un test previo para cada participante, que le dará la medida de su grado de "domesticación emocional". Desde este descubrimiento de sus creencias limitantes, le ayudaremos a enseñar a volar a sus sentimientos, poco a poco, ya que algunos pueden llevar años en la jaula y habrán atrofiado sus alas. La dinámica también propone algunos ejercicios creativos a partir de la metáfora del Corazón Domesticado, para seguir explorando y reflexionando el tema con los participantes.

martes, 20 de junio de 2017

Voluntariado y salud social: los 10 comprimidos de Voluntarina

El principio activo del voluntariado es la Voluntarina, una mezcla de voluntad, valor y valentía para transformar la realidad y mejorarla, unas veces interviniendo, otras tratando y otras previniendo enfermedades psico-sociales.

Los 10 comprimidos de una caja de Voluntarina, sirven para una variedad de situaciones y aplicaciones prosociales. Como buenos comprimidos, en la caja no aportan ningún valor, pero cuando se abren y entran en el torrente prosocial, comienzan a transformar la realidad, a repararla y a mejorar el bienestar de todos, sobre todo el de lo más débiles y empobrecidos.

Veamos entonces sus principales propiedades y efectos beneficiosos:

1. Angiogénesis prosocial. El voluntariado crea nuevas rutas y relaciones allá donde no existen o bien donde están deterioradas, cortadas u obstruidas. La angiogénesis se define como la capacidad que tiene nuestro sistema circulatorio de generar nuevos vasos sanguíneos cuando necesita regar una zona u órgano, y las principales venas o arterias que van al mismo están cortadas o deterioradas. El voluntariado llega muchas veces donde no llegan los servicios profesionales, conecta puntos o situaciones antes desconectadas, es creador de nuevas formas y métodos de ayuda, es innovador. Y hablamos de una angiogénesis prosocial, que planta cara a los procesos de angiogénesis maligna, que como un cáncer social, también encuentran sus vías y metástasis en el tejido de la sociedad.

2. Termo-regulador emocional. El voluntariado actúa más en el área de las emociones y sentimientos, crea un clima cálido, de acogida y bienestar. El aspecto emocional que algunas veces es un estorbo en la actuación profesional, necesitada de “distancia empática” para mantener la inteligencia ejecutiva, por ejemplo, en un quirófano, pero que no siempre debe ser así por principio ni en todas las situaciones, en el voluntariado es clave. Una emoción inteligente, conducida por la razón, que aporta calidad y calidez humana en el encuentro y comunicación con el otro, que mediante la escucha y la empatía ayuda a regular la temperatura emocional y a restablecer bienestar psíquico, y también físico y social.

3. Factor de resiliencia. El voluntariado contribuye a fortalecer la resiliencia de las personas y grupos a los que ayuda, su capacidad de superar adversidades. La resiliencia, del latín resilere, es la capacidad de adaptarse flexiblemente, de ser elásticos mentalmente para no rompernos, de volver a recobrar nuestra forma original tras un impacto. De los seis pilares de resiliencia que define el psiquiatra español D. Luis Rojas Marcos, el voluntariado aporta cuatro que son claves: las conexiones afectivas, el pensamiento positivo, la autoestima y la esperanza entendida como “tener motivos para vivir”. La resiliencia es un factor clave en la superación de todo tipo de adversidades, y la falta de salud es siempre una adversidad.

4. Calmante natural. El voluntariado ayuda a calmar las dolencias, con su presencia positiva y su escucha amable y humana. El voluntariado es una medicina en sí mismo, es un bálsamo para el otro. Su escucha atenta y sin prejuicios acaricia el interior de las personas, su capacidad de ir acompasándose al ritmo verbal y no verbal del otro, a su lenguaje, a su latido vital, crea armonía y empatía. También su capacidad de gestionar situaciones emocionalmente difíciles ante noticias o evidencias duras de asumir. Su lenguaje positivo y su enfoque en las fortalezas del enfermo, le ayudan a calmarse y le proveen de la capacidad ejecutiva (otro pilar de la resiliencia, por cierto) que necesita para encaminar su recuperación.

5. Potenciador de fortalezas. El voluntariado se enfoca más en las fortalezas que en las debilidades de las personas y las sociedades. Las situaciones de enfermedad y las dolencias nos hacen enfocarnos, tanto si las vivimos en primera persona como si las acompañamos mediante procesos de ayuda, en lo que no funciona. Pero este principio de realidad no debe desviarnos de trabajar sobre las fortalezas del enfermo, ya que sobre ellas va a ser más eficaz construir su proceso de recuperación. Cuando el enfermo es una comunidad o un grupo social, o una empresa o incluso una nación entera, este factor de enfoque en las fortalezas y valores, abandonando los discursos pesimistas, fatalistas o incluso escatológicos, es clave para su recuperación.

6. Genérico y gratuito. El voluntariado es portador de una cultura de la gratuidad, es donación sin pedir nada a cambio, es el regalo del don de uno mismo puesto en valor para otro que necesita ayuda, para la sociedad. Goza por tanto de la libertad y la independencia que dan el no estar gobernado por la dinámica económica de los contratos, del toma y daca, de los intercambios materiales. De hecho, cuando el voluntariado depende en exceso de subvenciones y ayudas, corre el peligro de someterse a los criterios, parámetros y dictados de las mismas, así como de la arterioesclerosis o burocracia institucional. Es connatural al voluntariado la gratuidad sostenida mediante el contrato moral y emocional, es decir, el compromiso ético con las causas que lo mueven.

7. Contraste ético-social. El voluntariado hace visibles los niveles de injusticia social, las carencias y enfermedades sociales. Precisamente porque trabaja a pie de obra, enseguida detecta de primera mano aspectos más cualitativos que no detectan los estudios cuantitativos. Es el que pone nombre a los datos fríos y generalizados de los informes, es el que pone rostro a las historias clínicas de vida, es el que conoce de primera mano que no hay enfermedades, sino enfermos, y que cada persona es única y vive su problema de forma única. Como en todos los estudios y análisis, necesitados de un “contraste” para detectar e interpretar los datos, el voluntariado es el “contraste ético de la sociedad”, es el que nos avisa de los niveles de Derechos Humanos y las amenazas a los mismos que hay en el sistema social, mediante su testimonio y también su voz y acciones de denuncia social.

8. Prevención y educación. El voluntariado es una escuela de salud y bienestar, persigue una “vida buena” y sostenible promoviendo virtudes éticas, anticipándose a otras enfermedades sociales y detectando problemas en el inicio, cuando pueden ser mejor tratados. Lo dice Rojas Marcos, y muchos estudios más: las personas que hacen voluntariado gozan en general de mejor salud en todos los aspectos que las que no lo hacen: duermen mejor, beben menos, consumen menos drogas y tienen incluso una vida afectiva y sexual más satisfactoria: no hay duda, la voluntarina es el mejor precursor de la oxitocina. Todo esto lo convierte también en un buen medicamento para recetar en casos de apatía, infelicidad, soledad crónica, insatisfacción o falta de sentido vital.

9. Urgencias sociales. El voluntariado atiende de forma preferente a los más empobrecidos, a los que tienen menos cobertura social. El voluntariado está para atender a todos, pero su esencia ética le hace orientarse preferentemente a los excluidos del sistema social, a los que no tienen cobertura sanitaria ni social, a los últimos de las listas de espera para recibir algo que les corresponde por derecho, humano y social. El voluntariado hace suyo el principio ético de “el menor mal de la mayoría”, de Karl Popper, frente al principio utilitarista de “el mayor bien de la mayoría”, de John Stuart Mill. Este último esconde no pocas demagogias en todos los órdenes, y el mismo gustan declamar no pocos gestores públicos, para que se beneficie del mismo siempre la misma mayoría, y no lo alcance siempre la misma minoría, cada vez más mayoritaria: más de 8 millones de pobres en España y la tasa de pobreza infantil mayor de la Unión Europea, por citar algún dato. El menor mal de la mayoría nos aproxima a la idea de la “vida buena”, del decrecimiento, del reparto justo de la riqueza, o de aprender a vivir mejor con menos cosas.

10. La Red de la Hospitalidad. El voluntariado no trabaja solo, lo hace en equipo, como parte de una RED de ayuda con otros voluntarios y profesionales. Hemos pasado de la era Superman a la era Spiderman. Lo eficaz ya no son los supermanes, los héroes solitarios, ni profesionales ni voluntarios, sino los equipos interprofesionales, las redes colaborativas, el trabajo desde un marco global en un mundo global en el que las fronteras físicas y políticas se ven superadas y actualizadas por una  nueva identidad cosmopolita y hospitalaria con el extranjero, fuertemente arraigada en la ideología de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. La hospitalidad se define en el diccionario como la acogida de aquél que se encuentra temporalmente fuera de su hogar, nada que ver con las vallas llenas de cuchillas, nada que ver con la privatización de los derechos sociales. El voluntario que todos y todas llevamos dentro, ese que nos hace sonreír y escuchar a un paciente más allá del contrato de trabajo, ese que nos hace dar algo más de lo estipulado, ese que nos hace salir de nuestra zona de confort o de espectador, el que nos hace tomar decisiones éticas y valientes, es el que va tejiendo cada día, poco a poco, una red de solidaridad, salud y bienestar social.