lunes, 5 de febrero de 2018

Las Diez Claves de una Escuela Humanizadora: César García-Rincón de Castro

Una escuela debería ser humanizadora per se, yo no lo entiendo de otra forma. Debería preparar a las personas para humanizar el mundo, el trabajo y sus relaciones humanas. Primero humanizar, después todo lo demás. Dicho de otro modo, su misión es formar buenos profesionales y ciudadanos, pero deben ser realmente humanos. Una educación realmente humanista es mucho más que tener un departamento o equipo escolar, o actividad especial, dedicada a estos temas: eso está bien y es incluso necesario que haya un espacio atractor de lo humanista. Pero es insuficiente, ya que la humanización debe impregnarlo todo en la escuela, como pongo de relieve en las diez claves siguientes.

1. Humanizar el lenguaje.

El lenguaje (verbal, visual y no verbal) es la clave de muchas dimensiones humanas, la inteligencia lingüística contiene el código de programación de las otras inteligencias: si el lenguaje es bueno y positivo, nos programa funcional y positivamente, si no, todo nuestro ser personal y social se ve afectado. En el lenguaje hacia dentro, hacia el interior de cada cual y hacia los demás nos jugamos el auto-concepto y las relaciones verdaderamente humanas. En el inicio de los totalitarismos y racismos siempre hay un “hablar mal de los otros” (la escalera del prejuicio, de Allport), y sin embargo la tradición cristiana nos dice “Bendecid a los que os maldicen”. Decir bien de los otros = bendecir. El lenguaje positivo nos construye y nos anima en el día a día, nos humaniza. Hay unos nuevos lenguajes del “Desarrollo Humano”: nuevas palabras clave que crean nuevas comunidades socio-verbales y ámbitos de investigación y análisis. Por aquí está la verdad de lo que está pasando en el mundo, la conciencia crítica. Por ejemplo: cuando hacemos la Campaña contra el Hambre, la palabra clave no es “hambre”, sino otras como “malnutrición”, “derecho a la alimentación” o “soberanía alimentaria”. Todas ellas nos hacen pasar de un enfoque de las necesidades a un enfoque de los derechos “humanos”, y esto nos humaniza más y nos hace más críticos. Ante las deformaciones actuales del lenguaje debemos recuperar urgentemente la poesía, las formas de la belleza del lenguaje para alimentar así nuestra belleza interior y nuestro vivir poético.

2. Humanizar el currículo.

Los contenidos y conocimientos cada vez más adolecen de un enfoque humanizador: necesitamos enriquecer el currículo, las distintas materias, con aquellos contenidos que van arrinconando las leyes educativas relacionados con la filosofía y las humanidades en general, con las cuestiones existenciales. Debemos recuperar el espíritu de los ejes transversales de valores que atraviesan a todas las materias, pero hoy en clave de aprendizaje por proyectos (ABP). Las matemáticas se pueden explicar de forma racional o de forma humana: los ejemplos, aplicaciones y tipos de problemas pueden ser excelentes aprendizajes de humanización. Humanizar los contenidos también es tomar conciencia de la fragmentación de los mismos: como dice Edgar Morin, una educación fragmentada (con los contenidos separados por materias), produce mentes fragmentadas, y al final personas fragmentadas que viven en sociedades fragmentadas. Debemos practicar la “democracia cognitiva” del conocimiento frente a la tiranía de las dicotomías o alternativas (ciencias & letras, etc.). No se puede conocer el mundo ni al ser humano de forma parcial y fragmentada, no se puede discernir el buen conocimiento de la mera información si no hemos construido sistemas de pensamiento complejo.

3. Humanizar la docencia.

Pero al final es el docente el que selecciona los contenidos que le parecen más relevantes, así como el enfoque que desea darles. Aunque tenemos que “dar un programa obligatorio”, ponemos más pasión y creatividad en unas cosas que en otras: en aquellas que creemos que son más interesantes. Es difícil optar por un currículo humano si no tenemos docentes humanistas y sensibles a todos estos temas. Un papel clave lo juegan aquí las creencias docentes hacia sus alumnos, hacia las familias de estos, hacia su materia-asignatura, así como su trabajo en general. Las creencias son inconscientes y difíciles de modificar, generalmente no las sometemos a crítica, pero las tomamos como ciertas, y realmente determinan nuestras actitudes (son el elemento cognitivo de las mismas). Necesitamos entonces consensuar un “credo compartido humanista” acerca de lo que significa ser educador hoy, una reflexión profunda sobre el rol docente en la sociedad actual, y su función más allá de la meramente instructiva (para saber más: La claqueta competencial: otra forma de enseñar, otra forma de aprender). Los documentos institucionales suelen prescribir perfiles docentes y estilos educativos donde están muy claras estas creencias, pero mi experiencia es que si el claustro (y cada docente) no participa en un proceso reflexivo de clarificación de creencias, dichos perfiles no pasan del papel al quehacer cotidiano, no se interiorizan.

4. Humanizar la gestión.

En un centro educativo todo educa, todo transmite. Si optamos por unos valores humanos, por una educación en la solidaridad y la justicia, pero dentro del centro conviven estructuras de gestión insolidarias o que nada tienen que ver con esos valores, entonces perdemos toda autoridad moral y referencia. El modo de gestionar el aula, el modo de evaluar, las actividades extraescolares que proponemos, la comida que nos sobra, etc., todo ello trasmite un modo de ser y de estar en el mundo como institución. El estilo de dirección debe estar basado en la moderna Dirección por Valores y el Liderazgo de Servicio, no se concibe de otro modo en una institución que opta por humanizar el mundo y las personas (para saber más: La buena dirección. El liderazgo al servicio de las personas y de la sociedad). Humanizar la gestión también implica el mobiliario y los espacios de interacción humana: ¿Permiten una adecuada comunicación? ¿Son espacios abiertos o cerrados? ¿Facilitan el trabajo en equipo de los docentes? ¿Fomentan las relaciones inclusivas o la separación? Hay que tener un especial cuidado, sobre todo en los centros grandes (a partir de 4-5 líneas), con la burocracia, ya que la misma llevada al extremo es una forma de deshumanización, donde se descarta la espontaneidad humana, las emociones y a las personas consideradas de forma única, con nombre. Las nuevas metodologías de enseñanza-aprendizaje deben ser ágiles antes que penosas en cuanto a los formularios e informes que debemos rellenar: la burocracia pedagógica nunca debe estar por encima de nuestros fines educativos, siempre al servicio de los mismos.

5. Humanizar las decisiones.

En un centro educativo se toman muchas decisiones, y éstas deben estar guiadas por criterios humanistas, ya que las mismas ponen de manifiesto realmente los valores que nos mueven. La decisión de qué libro de texto elegir para cada asignatura, por ejemplo, debe estar guiada principalmente por la medida en que ese libro de texto nos ayuda a humanizar nuestro currículo y nuestro proyecto educativo. La decisión acerca de qué tipo de sanción proponer ante una falta grave no debe hacernos caer en un sistema de represión policial, antes bien buscar cómo desde el servicio a la comunidad, alguien puede restaurar el daño y además aprender a ser mejor persona. La decisión del lema de cada año, de la actividad del trimestre, del tipo de excursión que vamos a hacer, de qué medio de transporte utilizar, de si nos sumamos a una campaña del barrio o no, etc., todo ello transparenta nuestras opciones como centro. Del mismo, modo la decisión ante casos especiales de alumnos en una Junta de Evaluación, puede estar guiada por criterios humanistas sin perder objetividad por ello, o bien puede estar tomada por mentes insensibles y escudadas en el corporativismo profesional. El propio proceso de toma de decisiones también puede ser humanista o autoritario, siempre es bueno consultar a todas las partes, y consensuar aquello de cuyo éxito posterior dependa en buena medida el compromiso de todos. Hay decisiones que debe tomarlas un experto externo que nos aconseje (el menú del comedor), hay otras decisiones menores que deben hacerse mediante procesos de votación ágil (distribución de actividades), pero hay otras donde nos jugamos los valores humanos (tipo de actividades extraescolares, proyecto de día especial, tipo de evaluación de una actividad): esas deben reflexionarse y debatirse en profundidad. No olvidemos que la participación democrática se aprende sobre todo en la familia y en la escuela, que el aula y su gestión democrática por parte del alumnado, puede suponer un gran aprendizaje para la vida.

6. Humanizar el entorno escolar.

La función de un centro educativo, como la de una empresa, que está asentado en un entorno socio-cultural, va más allá de la educación de sus habitantes más pequeños, porque también se siente llamado a aportar en el mejoramiento de las condiciones de vida y del entorno en que está. No se trata sólo de cuidarlo desde el punto de vista eco-social, sino también de ser proactivos y estar atentos a las necesidades y problemas de las personas, ofreciendo desde nuestra función educativa, algunos recursos, por ejemplo, para personas con falta de formación básica. El necesario trabajo educativo con las familias del entorno debe ser razón más que suficiente para interesarse por cómo viven, cuáles son sus anhelos, sus sueños, y tratar de ayudarles también desde el centro educativo en otros ámbitos de la educación de sus hijos que van más allá del currículo oficial. Como centro educativo, también debemos ser sensibles a nuestro impacto medio-ambiental, al cuidado de la Tierra, y en general aportar lo que podamos al cumplimiento de los ODS y la Agenda 2030 de Naciones Unidas. Como institución educativa, hoy debe ser una exigencia estar alineados con dichos ODS mediante consultorías periódicas. El principio de ecología integral que nos propone el papa Francisco en Laudato Si, debe hacernos reflexionar como centro acerca de la triple relación existente entre lo ambiental, lo económico y lo social en nuestro entorno. Tanto el Aprendizaje Servicio como el Voluntariado Escolar son excelentes metodologías y proyectos de mejora del entorno escolar al tiempo que de aprendizaje de las habilidades prosociales, así como expresión de una ética cívica y una ciudadanía comprometida. Además, dichos proyectos también pueden (deben) involucrar a los docentes y familias del alumnado.

7. Humanizar las identidades.

La dinámica de mundialización y globalización, cada vez pone más en cuestión las fronteras políticas e ideológicas y sus identidades particulares y excluyentes. ¿Podremos vivir juntos? Es la pregunta que se hace y nos hace Alain Touraine ante el nuevo cambio de época que vivimos. Hoy más que nunca necesitamos reflexionar sobre lo que nos une y no tanto sobre lo que nos diferencia o nos separa. El principio de Dignidad Humana es clave para identificarnos como ciudadanos de la misma Tierra Patria: la Identidad Cosmopolita Global es la nueva expresión de nuestra Humanidad. Ello no quita para que cada cual tenga sus raíces culturales y su vinculación a un grupo o territorio: ambas identidades son perfectamente compatibles y no excluyentes. Lo que es realmente deshumanizador y arcaico es la independencia excluyente: frente a esta forma de identidad empobrecida y deshumanizada, surge una interdependencia inclusiva más propia de una ciudadanía cosmopolita. En un momento de cada vez más diversidad cultural en la escuela, la humanización de las identidades de nuestros alumnos y familias desde una identidad compartida es un gran reto, como, por ejemplo, el proyecto de Ética Mundial de Hans Küng y sus 4 principios que comparten todas las religiones del mundo (para saber más: Ética social para niñas y niños. Dilemas morales, desempeños y retahílas musicales). 

8. Humanizar las metodologías.

En plena revolución de innovación pedagógica y metodológica, debemos también desde aquí valorar dichas metodologías por su capacidad de generar relaciones humanas y cooperativas entre el alumnado, así como en la relación profesor-alumno. Hoy ya se podría poner a un robot a dar clase, y además lo haría muy bien, y aprendería a hacerlo mejor cada vez, y se actualizaría con las preguntas de los alumnos, así como los nuevos conocimientos. Pero, ¿qué aporta a la humanización en la relación profesor-alumno? ¿Cómo mostraría pasión y emoción por determinados temas, o por sus alumnos? ¿Qué podría contar de su vida que realmente fuera interesante y relevante para sus alumnos? Todas las metodologías que potencien un alumnado actor (activo) antes que un alumnado espectador (pasivo), que lo empoderen en su propio proceso de aprendizaje, en realidad le están ayudando a humanizarse más como persona, y en el futuro a ser un ciudadano que, en lugar de quedarse sentado viendo un mundo que no le gusta (vivimos en un mundo de espectadores), se va a poner a actuar para cambiar ese mundo (para saber más: Cocinando aprendizajes. 100 recetas prácticas para educar en valores). Como ya dije en el punto 2, el ABP, por ejemplo, ayuda a humanizar el currículo porque pone en conexión a varias disciplinas, inteligencias, profesores, incluso alumnado de diferentes cursos (tutoría vertical).

9. Humanizar las relaciones.

En un centro educativo se dan mucho tipo de relaciones humanas, tanto a nivel horizontal entre iguales, como a nivel vertical entre unos y otros roles y actores sociales. Es normal que surjan conflictos, y la resolución de los mismos también es un aprendizaje que nos humaniza (para saber más: Nueve metáforas y un cuento para gestionar conflictos). Tenemos instrumentos como el Plan de Convivencia, que son (o deberían ser) proyectos de humanización de las relaciones. Los planes de convivencia deben tender más a la facilitación de los comportamientos prosociales y menos a la sanción-condena de comportamientos antisociales.  Humanizar las relaciones también en cuestión de género: tolerancia cero con la violencia de género a todos los niveles (verbal o no verbal), así como igualdad en lo que se refiere al uso y disfrute de las instalaciones escolares por chicos y chicas, y al acceso y promoción de docentes hombres y mujeres a los diferentes roles y funciones. Humanizar las relaciones también es prevenir adecuadamente el acoso escolar, así como actuar de forma eficaz y responsable frente al mismo. Los programas de mediación escolar para resolver conflictos no violentos entre iguales (no sirven para acoso escolar, por ejemplo), constituyen una excelente metodología para humanizarnos más. Especialmente importantes son las relaciones entre la familia y la escuela, que deben ser de colaboración fraterna (contigo Somos Familia), de cercanía, apertura y diálogo.

10. Humanizar la vocación.

Uno de nuestros principales objetivos como docentes es ayudar a cada estudiante a encontrar su elemento, su vocación, aquello que realmente le apasiona y le hace vibrar. Pretender que todos sean iguales o que todos desarrollen por igual las mismas inteligencias es un error que ya hemos cometido durante demasiado tiempo. Ayudar a despertar la vocación es una tarea realmente humana y humanizadora, y es una labor de equipo de toda la comunidad educativa. Pero una vez que este talento de cada cual despierta y se va configurando, debemos humanizarlo, esto es, ayudar a descubrir a cada estudiante la alegría de servir a los demás y a la sociedad desde su talento. Lo que menos necesita el mundo es a grandes talentos que en lugar de servir a los demás, se sirven de los demás para sus propios fines. Humanizar la vocación implica orientarse por valores y empezar a sembrar la actitud ética hoy para que mañana tengamos profesionales íntegros y empresas realmente comprometidas y responsables con el entorno, con sus empleados y con la sociedad. Los proyectos de emprendimiento escolar pueden ayudarnos mucho en esta tarea, ofreciendo pistas para un emprendimiento social o eco-social (ver programa de FUNDERETICA), y ofreciendo modelos de referencia de jóvenes emprendedores sociales antes que grandes empresarios que han hecho una fortuna sin más (para saber más: Doce horas para emprender tu vida).

César García-Rincón de Castro (2018)

Citar fuente como: García-Rincón, C. (2018). Las diez claves de una escuela humanizadora. Conferencia en III Simposio de Educación Escolapia 2018. Cullera, Valencia. www.prosocialia.org