viernes, 17 de octubre de 2014

Metáfora comprensiva para el diseño de aprendizajes competenciales: hacia un marco global y de arraigo en los sistemas educativos

En mis recorridos como consultor de proyectos educativos de ámbito internacional y global, es normal encontrarse con algunas dificultades u obstáculos en el camino. Unos son más previsibles, pero otros surgen con más evidencia en los espacios formativos y creativos de los proyectos. Uno de esos obstáculos importantes tiene que ver con la comunidad socio-verbal o campo semántico que adoptamos en los proyectos. Cuando el proyecto educativo quiere ser universal y arraigado a lo largo del tiempo, y lo diseñamos en un territorio y un tiempo concreto (pongamos por ejemplo España 2014 en el Marco de la LOMCE), corremos el riesgo de quedarnos obsoletos pronto (en cuento venga la próxima Ley Educativa) y de que los educadores/as de otros países no nos entiendan bien, lo que dificultará mucho no sólo la puesta en marcha en dichos países, sino también el intercambio de experiencias entre los mismos, el enriquecimiento mutuo.

Por ello, y como es una dificultad real que me he encontrado ya varias veces, después de leer y pensar mucho, vuelvo a mis raíces de sociólogo y rescato algunos clásicos y otros no tan clásicos autores, y encuentro en el concepto de ROL (= papel desempeñado) que todo el mundo entiende, un excelente constructo para explicar el aprendizaje competencial. Porque en definitiva queremos educar hombres y mujeres que tengan un papel positivo, un rol activo y constructivo, ya sea profesional, social o familiar, y por tanto, los "perfiles de alumno" de cada proyecto educativo, se sustentan en competencias clave que a su vez se expresan en roles contextualizados (y esperamos que eficaces) en las diferentes escenas de la vida, que dicho sea de paso, están todas inter-conectadas, es decir, lo que yo hago aquí al final está afectando a otro que está a 3000 km en otro país.

La parte más pequeña o básica de una competencia es el ROL. Un rol se define como la “función que una persona desempeña en un lugar o en una situación” y también, en el ámbito artístico como la “parte de una obra de teatro o de una película que es representada por un actor”. Todo ROL implica tres cosas relacionadas entre sí: SABER (conocimientos), SABER HACER (destrezas y capacidades) y SABER SER (valores y actitudes). Estas tres dimensiones son las que en un enfoque competencial definen y conforman lo que denomina el Marco Europeo Competencial como “desempeño”, que es una traducción del concepto performance en inglés (= puesta en escena).

En este sentido, es interesante la reflexión del sociólogo Peter L. Berguer cuando afirma que todo rol tiene su disciplina interior. El rol forma, determina y modela tanto la acción como el actor. Normalmente nos convertimos en el rol que desempeñamos. No solo actuamos como el rol sino que nos sentimos como tal.

Si hablamos de ROL, entonces podemos pensar en SITUACIONES DE APRENDIZAJE como los diferentes momentos en que un ROL es desempeñado (puesto en escena = performance) a lo largo de una ESCENA. Esos diferentes momentos en un Ciclo de Kolb (una ESCENA) serían la Experiencia, la Reflexión, la Conceptualización y la Transferencia (aplicación o elaboración de productos de la inteligencia en otras situaciones), en este orden lógico. De tal modo que el ROL se convierte en el elemento clave del aprendizaje puesto en escena, pero el elemento diferenciador que caracteriza al hecho educativo, y a unos centros educativos de otros no sólo es la selección de sus repertorios de roles y llaves maestras, sino también la propuesta del escenario particular en que desempeñar cada rol, el diseño de buenas situaciones de aprendizaje.

Pero, ¿de dónde sale ese ROL? Es definido y seleccionado de un REPERTORIO del ACTOR SOCIAL que queremos educar (perfil del alumno/a). Cada Sistema Educativo que ha optado por un modelo competencial del aprendizaje (cada vez más), ha definido sus COMPETENCIAS CLAVE y sus LLAVES MAESTRAS en cada competencia clave. Dichas llaves maestras, a lo largo de todo el rodaje educativo se van especificando y concretando en repertorios adaptados a las diferentes edades de los alumnos, así como a las materias y contenidos del aprendizaje. Pero además, los centros educativos, o redes de centros, pueden añadir alguna competencia más que consideren clave para su proyecto educativo, o bien enriquecer los repertorios con nuevos roles o nuevas escenas en qué desempeñarlos.

Entonces ¿Qué sería un PROYECTO de APRENDIZAJE? Un proyecto de aprendizaje sería claramente una SUCESIÓN temporal de ESCENAS ordenadas bajo un ARGUMENTO (hilo conductor), es decir, UNA REPRESENTACIÓN u OBRA, una producción colectiva y cooperativa, o una gira de una COMPAÑÍA teatral, formada por profesorado y alumnado (y otros miembros de la Comunidad Educativa) a lo largo de un periodo de tiempo en la que el alumnado tiene que representar varios ROLES de varios REPERTORIOS (Llaves). El Aprendizaje por Proyectos supone, por tanto, pasar de una educación fotográfica (escenas y situaciones sin conexión entre ellas) a una educación cinematográfica (vivencias y aventuras pedagógicas, recorridos, travesías educativas de sentido).

De tal forma que cada COMPETENCIA es la entidad abarcativa más amplia que al final de expresa en cada una de las entidades más pequeñas que hemos denominado ROLES.

Creo que la metáfora teatral-artística-cinematográfica es común y comprensible a todas las culturas y países, más allá de las diferentes descripciones y denominaciones socio-culturales que se hacen de los diferentes elementos del aprendizaje competencial que van desde la definición de cada competencia hasta sus elementos más pequeños, llamados “desempeños”, por ejemplo en el Marco Europeo Competencial. Si queremos desarrollar una herramienta con pretensión universal por un lado, y con pretensión de supervivencia a los cambios legislativos en materia de educación por otro lado (condición necesaria para que arraigue bien un proyecto o modelo competencial), con sus consiguientes cambios en los conceptos y definiciones (y la experiencia nos dice que cada nueva Ley de Educación, viene con su propio diccionario y repertorios), entonces habremos de adoptar un campo semántico propio, intuitivo, perdurable, comprensible y de fácil traducción a todos los idiomas y sistemas educativos, incluso a la educación no formal y popular. Máxime cuando cada vez más los procesos educativos se globalizan también en el sentido de que se desarrollan en REDES de CENTROS EDUCATIVOS  inter-países e inter-culturas.