viernes, 15 de febrero de 2013

7 creencias limitantes-neurotizantes acerca del voluntariado

A lo largo de mi experiencia me he encontrado, y me sigo encontrando, con algunos tipos de discursos que suelo denominar "creencias limitantes-neurotizantes del voluntariado", parafraseando al psicoterapeuta Albert Ellis y sus ya famosas "Creencias Irracionales Neurotizantes".

Estas ideas-creencias suelen ser inconscientes, tanto en las personas como en las organizaciones que promueven el voluntariado o conviven con él, es por ello que debemos identificarlas y desenmascararlas, ya que son causa frecuente de conflicto (intra e interpersonal), desmotivación y abandono de la acción o intención voluntaria.

Recapitulando algunas experiencias, debates, críticas y preguntas en mis encuentros formativos, me salen estas 7, aunque indudablemente hay más:

1. El voluntariado debe hacerse desde unos criterios altruistas puros, sin perseguir ningún tipo de beneficio personal. Este discurso es tan estéril como ineficaz, y ha generado un excesivo número de folios e investigaciones tratando de descubrirlo, porque no existe un altruismo absoluto que no posibilite siquiera un mínimo de satisfacción y equilibrio interior al ver expresadas mis actitudes y valores de modo coherente en el ejercicio de la solidaridad, o la satisfacción de ver felices a otros. Pero además, la entidad que pretenda seleccionar voluntariado con estos criterios, no lo va a encontrar, porque tal grado de perfección se da en unas pocas personas en el mundo, que suelen estar en misiones donde más falta hacen. En todo caso, debe ser una búsqueda, una aspiración de perfección motivacional, pero nunca una obsesión culpabilizadora, ni del voluntario/a, ni de los promotores y animadores/as del mismo.

2. No es bueno sentirse bien y ser feliz haciendo voluntariado. Lo que no es bueno es lo contrario, el exceso de aflicción personal (variable clave en muchos estudios prosociales) que paraliza y no deja ver con la claridad y nitidez perceptiva del voluntariado optimista, saludable y positivo. Gerardo Pastor Ramos en su tratado de Psicología Social (un clásico) ya lo decía al afirmar que debemos tratar de educar en la solidaridad a los jóvenes en los colegios, y además que sientan placer en lugar de dolor al hacerlo. No hay nada mejor y más ético que un voluntariado feliz y optimista, que sabe que se siente bien haciéndolo y eso no está en absoluto reñido con procurar antes que el propio, el bienestar y la felicidad del otro al que ayuda.

3. Cada cual es libre de hacer voluntariado cuando quiera y dejarlo cuando quiera.  Que sea una opción libre, no quiere decir que lo hago cuando me da la gana y lo dejo cuando quiero, "porque soy libre". El voluntariado es "liberador" para la persona que está encadenada a la pobreza y la exclusión, y sólo soltará sus cadenas si otros se encadenan con ellos en lo emocional (sin caer en la dependencia emocional, ver manual DSM) y el compromiso moral. La libertad del voluntariado no se puede desligar de la responsabilidad de hacerlo, de modo organizado o espontáneo, de modo directo o indirecto, en un mundo tremendamente injusto. El voluntariado hoy es, debe ser, una obligación ética, y eso pasa porque se enseñe y socialice en todas las escuelas (la eliminación de la Educación para la Ciudadanía ha sido un retroceso importante aquí) y, dados sus altos beneficios psicológicos y pedagógicos, demostrados entre otros, por Luis Rojas Marcos en "Superar la Adversidad, el poder de la Resiliencia" todos los alumnos/as deberían tener la oportunidad de hacerlo. Si Vd. no quiere que su hijo haga voluntariado, muy bien, no le eduque, no le enseñe nada, que ya decidirá él/ella cuando sea mayor... ¿con qué criterio decidirá?

4. Para hacer voluntariado hay que ser mayor de edad. Hay que ser mayor de edad para hacer un tipo de voluntariado en una entidad que tiene que certificarlo porque recibe una subvención pública y tiene que ajustarse a lo que manda la ley. Pero los menores de edad pueden hacer voluntariado (o practicar el ejercicio de la solidaridad, o la conducta prosocial, o la ayuda a los demás, o el compromiso social, o la acción social) en proyectos organizados y con tareas y actividades voluntarias ajustadas a su edad, con una autorización de sus padres o tutores legales, y también existe la posibilidad de hacer voluntariado familiar promovida por muchas administraciones públicas. No nos aferremos a los nombres y conceptos para no hacer nada, el lenguaje está para ayudarnos, no para atascarnos y entorpecernos.

5. El voluntariado sólo puede hacerse en una ONG o Entidad Social. Es lo deseable y es lo que marca la definición de voluntariado en la ley ("en el seno de una organización...") y es la consecuencia de, como muy bien definió Antonio Madrid en "La Institución del Voluntariado", del proceso de construcción socio-jurídico de una serie de comportamientos que han ido pasando del "acto espontáneo" al "acto consciente" (Teresa Zamanillo y Lourdes Gaitán en "Para comprender el Trabajo Social") para, entre otras cosas, ganar en eficacia (y también en burocracia, diría yo). El problema es que, si nos creemos la frase a pies juntillas, si la absolutizamos o la hipostasiamos (= divinizamos) ya entramos en el terreno de las rigideces mentales neuróticas y los dolores de cabeza en unos casos, y los mecanismos de defensa en otros casos. Pues como decía, si nos la creemos sin más, perdemos la riqueza de los voluntariados (o solidaridades) vecinales, comunitarias, del prójimo, dentro de la familia, incluso podemos llegar a la esquizofrenia posmoderna de ser muy solidarios en la ONG y muy tiranos en el trabajo y otros ámbitos de nuestra vida.

6. El voluntariado quita puestos de trabajo y destruye empleo. En realidad es todo lo contrario, el voluntariado ha creado mucho más empleo y, en ocasiones, sirve para llevar a cabo proyectos con pocos recursos económicos que, de otro modo, no habrían salido adelante. Incluso, aunque estemos ahora viviendo procesos de ERE en ONGs, la balanza está claramente inclinada del lado de la creación de puestos de trabajo. Lo que no pensamos fue cómo hacerlos sostenibles en el tiempo, y ahora tenemos que crear nuevas formas de financiación a través de micro-donaciones ciudadanas, etc. Ello no es un discurso justificativo de que una entidad, que sí podría cubrir puestos contratados con profesionales, aproveche el voluntariado para cubrirlos: no hay más que dotarse de un código ético con unos criterios claros para evitarlo, ser transparente y claro.

7. No es posible ni bueno ser voluntario/a y contratado/a en la misma entidad o proyecto. El debate sobre trabajo voluntario & trabajo remunerado sigue ahí, y ha sido objeto de no pocos conflictos cuando en la misma persona coincidían labores voluntarias y remuneradas, generalmente porque era un voluntario/a al que de repente un día contrataron. Las claves de integración están en cada cual (cómo lo viva) y en unos criterios claros por parte de la organización, soy partidario de que sí se delimite bien en la definición del puesto lo que es cada cosa, sobre todo para evitar los problemas conocidos de "estrés de rol" y "conflicto de rol" en el trabajador/a, es algo inherente y necesario en la prevención de riesgos psicológicos laborales (Ley de Seguridad e Higiene en el Trabajo). Pero todos los trabajos tienen su parte de contrato socio-laboral y su parte de contrato voluntario-emocional: aspectos como la simpatía, ayudar a un compañero/a, aportar otros talentos personales, la conducta extra rol, no se firman en el contrato laboral, pero aportan un plus de calidad y satisfacción personal indudable. Está demostrado que en una organización, cuando desaparecen las conductas extra-rol, las pequeñas aportaciones que en realidad son los nexos de unión para completar tareas y procesos, se paraliza: ¿por qué? Porque es imposible reflejar en un organigrama toda la riqueza del tejido de relaciones internas formales y no formales (sobre todo), que ayudan a conectar personas, objetivos y tareas mediante micro-voluntariados cotidianos.